Las páginas web sobre los delitos contra la libertad sexual en menores recogidas en este sitio forman parte de los proyectos de investigación dirigidos por Antonio L. Manzanero en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (España).

Discapacidad intelectual y abuso sexual

No es infrecuente que personas con discapacidad intelectual sean víctimas de delitos (Goldman, 1994).  Específicamente se ha puesto de manifiesto su mayor vulnerabilidad ante los abusos y agresiones sexuales (Verdugo, Alcedo, Bermejo y Aguado, 2002), debido fundamentalmente a:

- Sus déficits en la comprensión que les lleva a un mayor desconocimiento de los hechos punibles.
- Las dificultades de comunicación (Oosterhoorn & Kendrick, 2001; Brownlie et al 2007).
- La costumbre instaurada en muchas personas con discapacidad intelectual del poco valor de su intimidad.
- Una mayor relación de dependencia con los cuidadores que dificulta la denuncia (Sobsey 2002; Westcott and Jones, 1999).
- Su necesidad de obtener la deseabilidad social del otro, que les puede llevar a sentir que deben agradar a su abusador (cabe recordar que en la gran mayoría de los casos el abusador es una persona cercana a la víctima).

Por otro lado, los tópicos existentes sobre estas personas tienden a hacerlos menos creíbles que al resto de víctimas. Sin embargo, la mayoría de los especialistas en el área de la discapacidad intelectual afirman que adaptando los procedimientos de obtención de declaraciones e identificaciones a sus  capacidades, una víctima con discapacidad puede ser tan buen testigo como otra que no lo es. No obstante, existe una gran carencia de estudios acerca de la capacidad que personas con distintos tipos de discapacidad cognitiva tienen a la hora de testificar.
Una revisión de los estudios sobre discapacidad intelectual y procesos cognitivos nos muestra que el principal problema reside en la asignación de los sujetos a un grupo específico de características más o menos homogéneas que nos permitiera en un futuro generalizar los resultados y predecir comportamientos. La dificultad reside en que la inmensa mayoría de las personas consideradas como discapacitadas intelectuales se encuadran en lo que podríamos denominar “inespecíficas”. Sólo una minoría de personas con DI podrían ser adscritas a una categoría específica determinada por el síndrome previamente diagnosticado (Down, Trastornos de Especto Autista, Rett, Prader-Willi, Williams-Beuren, etc.). Por esta razón la mayoría de los estudios se han centrado en analizar déficit cognitivos asociados a síndromes específicos o en estudios de caso único. Por ejemplo, Annaz, Karmiloff-Smith, Jonson y Thomas (2004, 2009) establecen que existen diferencias en el rendimiento en tareas de identificación de caras entre Autismo, Síndrome de Down y Síndrome de Williams; y Lawrence, Kuntsi, Coleman, Campbell y Slarse (2003) afirman que hay un mayor déficit en el Síndrome de Turner.
La Psicología del Testimonio, como aplicación de los estudios sobre los procesos cognitivos a la obtención y valoración de la prueba testifical, ha analizado qué procesos son relevantes para la tarea testifical. De igual modo, ha diseñado procedimientos para facilitar la toma de declaración y las identificaciones. Multitud de estudios muestran el efecto que tienen sobre la exactitud de las declaraciones e identificaciones las características del testigo y del suceso, los factores de retención y recuperación, y otros específicos de los sistemas de investigación (para una revisión ver Manzanero, 2010). Así, por ejemplo, se conocen las capacidades generales para testificar de menores de distintas edades y de ancianos. Sin embargo, hasta el momento no se ha diseñado ninguna herramienta que nos permita evaluar específicamente la capacidad para testificar en víctimas con DI, aun cuando se ha sugerido la necesidad de su utilización (Gudjonsson, Murphy y Clare, 2000). No obstante, se han realizado esfuerzos por evaluar capacidades puntuales como la sugestibilidad (Everington y Fulero, 1999; Henry y Gudjonsson, 2007) o la distinción entre hechos vividos e imaginados (Gordon, Jens, Hollings y Watson, 1994).
En este contexto, se han realizado algunos estudios sobre la toma de declaración en personas con discapacidad intelectual (Agnew y Powell, 2004; Arce, Novo y Alfaro, 2000; Brown y Geiselman, 1990; Dent, 1986; Milne, 1999), o su capacidad para identificar (Boucher y Lewis, 1992; Ericson y Isaacs, 2003, Manzanero, Recio, Alemany y Martorell, 2011). Ericson y Isaacs (2003) comparando adultos con DI y sin DI encontraron que ambos acertaban por igual en sus identificaciones, pero los primeros cometían más falsas alarmas y tendían más a adivinar que los segundos. No obstante, más allá de recomendaciones no existen protocolos específicos para evaluar de forma sistemática la capacidad para declarar en DI, ni para facilitar la toma de declaración o la tarea de identificación.

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Referencias:

Manzanero, A.L.; Recio, M.; Alemany, A. y Martorell, A. (2011). Reconocimiento de caras y discapacidad intelectual. Anuario de Psicología Jurídica, 21, 41-48. texto completo
Verdugo, M.A., Alcedo, M.A., Bermejo, B. y Aguado, A.L. (2002). Abuso sexual en personas con discapacidad intelectual. Psicothema, 14, supl, 124-129.